Hacia el mar, playas inmensas. Hacia el interior, colinas y montañas de gran frescor y mucha sombra. Imagina que te encuentras en la costa oriental. Estás de vacaciones y puedes extender la toalla sobre la fina arena de Costa Serena o de Costa Verde. De Moriani-Plage a Aléria y Ghisonaccia todo son playas bordeadas por deliciosas pinedas. Es una zona muy apreciada por los veraneantes que ha sabido integrar perfectamente las zonas residenciales de vacaciones con el entorno.
Los primeros turistas fueron los foceanos quienes fundaron Aléria en el siglo VI a.C. Ocupada sucesivamente por los etruscos, los cartagineses y los romanos, la ciudad fue finalmente arrasada por los vándalos en el siglo V. Podemos redescubrir su historia en el yacimiento arqueológico y en el museo de Aleria que se encuentra en la fortaleza de Matra, en la que destacan unas magníficas cerámicas griegas. Es una región con grandes explanadas donde es posible disfrutar de paseos a caballo por la orilla del mar y baños en los numerosos ríos que bajan por la zona. Aquí todos los placeres del mar, del sol y de la mesa se magnifican.

Las grandes propiedades agrícolas producen sabrosos pomelos, mandarinas, kiwis, aguacates y vinos de calidad mientras que las granjas acuícolas podrán llenarte la mesa de mariscos y de pescados. Dirígete ahora hacia el interior donde te espera un mar de bosques. Su origen se remonta a 1584, cuando los genoveses organizaron la plantación sistemática de árboles de madera noble, sobre todos castaños. Como por aquel entonces la región estaba muy poblada, los jardines acabaron convirtiéndose en un inmenso bosque de castaños que dieron su imagen y su nombre a la Castagniccia que hoy conocemos (de castagna, castaña).
Centro de revueltas populares (Pascal Paoli fue nombrado allí general en jefe de la nación corsa en 1755), Castagniccia te seducirá por su carácter, sus casas de tejados de piedra, todas con su rataghju (secador de castañas) y sus colores resplandecientes en otoño. Integra las tres pieve (antiguas parroquias) de Alesani, Orezza y Ampugnani. Lugar propicio para los paseos por el bosque del que emergen, como los faros por encima del mar, los campanarios de las iglesias barrocas.
Más al sur, en la región de Ghisoni, encantador pueblo del siglo XVI, también puedes disfrutar de paseos llenos de misterios por uno de los más bellos bosques de pinos negros de Europa. Desde Ghisoni, se puede acceder a la estación de Renoso en la que en invierno es posible esquiar inmerso en un grandioso marco de naturaleza intacta. Es el punto de partida de la ascensión al Monte Renoso (2.352 m), una de las cinco cumbres más altas de Córcega. Aprovecha para visitar los cercados de las Pozzi, unas turberas que manchan de azul el verde impactante del musgo.
No te pierdas la vista del pueblo de Morosaglia donde nació Pascal Paoli. En la costa, da una vuelta a los estanques de Urginu y de Diane en los que se cultivan ostras desde la época de los romanos. En la reserva de Casabianda habitan más de 100 especies de pájaros y tortugas. En Ania di Fiumorbu se encuentra la gruta del último “bandio de honor”.
En Buija, la cascada vertiginosa de San Gavino, tiene cien metros de altura. En Castagniccia merece la pena visitar las numerosas iglesias de profusa decoración interior de estilo barroco: Saint Pierre y Saint Paul de Pedicroce, Notre-dame du Mont Carmel en Stoppia Nova, La Porta, Giacatajo, Quercitello y Valle d´Orezza que son todas declaradas monumentos históricos. Descubre también el convento de Alesani, cuya fiesta se celebra el 8 de septiembre.
Las playas de Arinella y Vignale, de 10 km de largo son bordeadas por la gran pineda de Pinia. Son lugares ideales para las bicicletas de montaña y los paseos. Otras actividades son los paseos a caballo, la via ferrata en Chisa (Puedes tomar el sendero de Mare a Mare Centre que cruza la isla y empezar en Ghisonaccia) o las visitas a fincas agrícolas.