Los palacios de Venecia están en las pequeñas calles de la ciudad rodeados de viviendas, salvo en el caso del gran canal donde un palacio sucede al otro. Tres elementos son imprescindibles en un palacio: el porche de agua, el portego y la áltana.

El primero es la puerta trasera de los palacios o muelle en el canal, que permite la entrada de los habitantes en embarcación. El portego o salón recibidor destaca normalmente por su belleza y alguno se pueden visitar y la áltana o azotea donde normalmente se tiene un pequeño jardín y unas tumbonas para tomar el sol.
La Ciudad de Venecia, cuenta con una estupenda cantidad de museos, todos ellos de curaduria impecable y de valiosas obras. Casi todos los museos de Venecia son fruto de las donaciones privadas a la ciudad. Existen temáticas diferentes y diferentes exposiciones para todos los gustos. Los museos que más valen la pena son la Fundación Peggy Guggenheim y el Palacio Ducale; toda la ciudad en si misma es un museo de la historia de una civilización
Puesto que la sociedad veneciana fue una de las más fervientes con sus deidades, la mayoría de las construcciones antiguas eran iglesias. No solo eran las mejores construcciones, sino las más ricas y elaboradas. Para gustos hay colores, hay de todos los estilos, de todas las formas y dedicados a diferentes santos; incluso mezclados con mitología antigua. Como el caso de Santa María de la Salute, donde María lleva el bastón de Venecia.

Venecia está construida sobre un mosaico de más de cien islas en medio de la laguna cenagosa. Para superar estas condiciones adversas, los primeros venecianos desarrollaron técnicas de construcción únicas, basadas en el aprendizaje empírico. El método resultó efectivo y de ahí la notable solidez de las construcciones. La Venecia del siglo XVI había adquirido gran parte de su perfil actual, que no cambió hasta el siglo XX. Los puentes eran a menudo de propiedad privada y había que pagar pontazgo para atravesarles. Al principio no tenían barandilla, un riesgo para los pasantes nocturnos.
