Merece la pena visitar Zúrich sobre todo en invierno. Es la época de las luces. Farolas románticas iluminan las callejuelas de la ciudad vieja. En los escaparates de la calle de la estación (Bahnhofstrasse) brillan seductoras joyas. Como por arte de magia conviven pistas de hielo, mercadillos de navidad y multitud de locales encantadores. Los estímulos no se acaban en esta pequeña gran ciudad que puede descubrirse cómodamente a pie.
Zúrich es el ombligo de Suiza, el epicentro de nuevas tendencias, el baluarte de la cultura y la metrópolis de vivencias. Clásico o alternativo, elegante o a la moda: con sus más de 50 museos y 100 galerías de arte, Zúrich ofrece un lugar para cada gusto, incluso si nieva desaforadamente. Y en sus 500 bares y clubes, su vida nocturna deshace todo tipo de resistencias.
Zúrich es el punto de partida idóneo para viajar a las zonas de esquí más famosas de Suiza. Se llega rápidamente a los Grisones, al Oberland Bernés y al Valais. Su aeropuerto está a 10 minutos en tren del centro de esta ciudad conectada con el mundo a través de más de 150 líneas aéreas.
Un circuito en barco en invierno por el Lago de Zúrich anima, también en lo que a gastronomía se refiere: los martes, fondue de queso, los jueves, fondue de carne y los domingos, un desayunoalmuerzo con mucho fundamento.